Cuidar la casa y a quien vive en ella
Qué arreglar antes de vender o alquilar un piso
Publicado el · 5 min de lectura
En una visita de veinte minutos, quien viene a ver el piso no mide los metros: mira si la puerta cierra, si el grifo gotea y si la luz del pasillo funciona. Eso es lo que se arregla antes.

Vender y alquilar son dos objetivos distintos y piden dos listas distintas. Al vender, trabajas para la primera impresión: quien entra decide en pocos minutos si el piso está cuidado o si le va a dar trabajo. Al alquilar, trabajas para los seis meses siguientes: cada cosa que dejes a medias es una llamada tuya un domingo.
Lo que sigue es el orden con el que nosotros recorremos una vivienda cuando alguien nos pide prepararla, y qué recomendamos hacer y qué no.
Lo que ve cualquiera en los primeros dos minutos
Estas son las señales que hacen que un piso parezca descuidado aunque esté perfectamente bien:
- Bombillas fundidas o luces que no encienden. Es lo primero que se prueba y lo más barato de resolver.
- Persianas que no suben o que se han quedado a medias. Da la sensación de avería aunque sea solo la cinta.
- Puertas que rozan o que no se quedan cerradas, y manillas flojas.
- Grifos que gotean y cisternas que corren. Se oyen, y suenan a factura.
- Silicona negra en la ducha y en el fregadero. Es limpieza, pero se lee como humedad.
- Paredes con clavos, tacos y rozaduras del rodapié.
Ninguna de estas cosas es caras de arreglar. Todas juntas cambian por completo la impresión, y son la parte del trabajo que más recuperas en el precio o en la rapidez con que se alquila.
Pintura: casi siempre sí, y en claro
Si hay una sola cosa que hacer, es pintar. Un piso repintado en blanco roto o en un tono claro y neutro se ve más grande, más limpio y más reciente, y anula el efecto de los colores fuertes que le gustaban al anterior ocupante. Antes de pintar hay que tapar agujeros, lijar los goterones antiguos y sellar las manchas puntuales, porque la pintura no esconde un desconchón: lo subraya.
Los sitios que se olvidan y que se notan: techos de baño y cocina, interiores de armarios empotrados, el hueco tras la puerta de entrada y los rodapiés. Lo detallamos en la guía de cocina y pintura y es trabajo de pintura y acabados.
Baño y cocina: limpiar la sensación, no reformar
Aquí es donde la gente se plantea gastos grandes que rara vez se recuperan. Cambiar un baño completo antes de vender casi nunca sube el precio lo que cuesta la obra. Lo que sí funciona es que el baño existente se vea sano:
- Rehacer la silicona de bañera, plato de ducha y fregadero. Es el cambio más visible por menos dinero.
- Cambiar el mecanismo de la cisterna si corre, y el latiguillo si está cristalizado.
- Sustituir la alcachofa y el flexo de la ducha, y descalcificar el grifo.
- Ajustar o cambiar los tiradores del mueble de baño y nivelarlo si baila.
- Sellar el encuentro de la encimera con la pared en la cocina.
- Revisar el desagüe del fregadero: es donde aparecen las fugas lentas que manchan el mueble.
Todo esto está en la línea de poner el baño al día sin obra y de los arreglos de grifos, cisternas y atascos.
Si vas a alquilar, revisa lo que suele fallar
Con inquilino dentro, cualquier avería es una llamada, un desplazamiento y una negociación. Merece la pena adelantarse a las cinco averías que aparecen en los primeros meses:
- Latiguillos y llaves de paso antiguos: son la causa más común de las fugas que dan un disgusto.
- Mecanismos de cisterna: pieza barata, avería garantizada si ya suena.
- Enchufes e interruptores flojos o partidos, y el cuadro eléctrico sin identificar. Lo explicamos en el cuadro eléctrico y las averías de luz.
- Cintas de persiana desgastadas: si se ven hilos, se rompen con el inquilino dentro.
- Cerradura y bombín de la puerta de entrada, sobre todo si no sabes cuántas copias de llave hay por ahí.
Qué no hacemos y qué no recomendamos
No recomendamos gastar en cambios de gusto personal —papel pintado, encimeras de color, muebles a medida— cuando el piso se va a vender: el comprador vendrá con sus ideas. Tampoco tiene sentido tapar un problema estructural o una humedad activa con pintura: se ve en la segunda visita y quema la confianza. Si aparece una humedad, hay que decir de dónde viene y arreglar el origen.
El orden que ahorra dinero
- Visita de revisión y lista escrita, con lo que corre prisa y lo que puede esperar.
- Fontanería y electricidad primero: son las que obligan a abrir o a manchar.
- Carpintería y persianas después: puertas, armarios, cintas, cerraduras.
- Silicona y sellados.
- Pintura al final, para que tape todo lo tocado.
- Limpieza a fondo y comprobación con las luces encendidas y la persiana subida.
Ese recorrido es exactamente lo que hacemos en Casa Lista: una visita, una lista, un precio, y la vivienda entregada lista para enseñar. Y si la casa es la tuya y no la vas a vender, el mismo repaso vale como calendario de mantenimiento.
Cómo pedirlo
Lo más práctico es un vídeo andando por la casa, habitación por habitación, contando en voz alta lo que sabes que no va bien. Con eso preparamos la lista antes de ir. Mándalo por WhatsApp o llámanos al 743 008 328 y quedamos para verla.
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Preguntas frecuentes
- ¿Qué arreglos compensan de verdad antes de vender?
- Los que se ven y los que generan desconfianza: pintura en tono claro, luces que funcionen, grifos sin goteo, puertas y persianas que cierren, y silicona limpia en baño y cocina. Las reformas grandes rara vez se recuperan en el precio; el repaso completo sí, porque quita argumentos para regatear.
- ¿Y antes de alquilar?
- Antes de alquilar interesa que nada te llame por teléfono en tres meses: mecanismos de cisterna, latiguillos, desagües, enchufes flojos, cerraduras y persianas. Es más rentable dejarlo revisado que atender averías con inquilino dentro.
- ¿Cuánto cuesta una puesta a punto completa?
- Depende del estado, pero se plantea por visitas y no por sorpresa: la primera parte de 49 € y con la vivienda vista te damos el presupuesto cerrado del resto. Cuando son muchas tareas pequeñas, lo habitual es agruparlas en el programa Casa Lista, desde 99 €.
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